La dimensión temporal en la práctica analítica : lo actual, lo pasado y lo pasente

La dimensión temporal en la práctica analítica : lo actual, lo pasado y lo pasente

Hemos sido bautizados en nuestro ingreso al Psicoanálisis por algunos mantras que, no estando en el camino equivocado, apagan la luz que permitiría doblar a la esquina y revisar el trayecto desde otra perspectiva. Hacer lectura es justamente eso, darle vueltas al texto -lo que no quiere decir simplemente pasar la página, aunque esté en su fundamento- hacerlo decir más de lo que dice, preguntarle más de lo que responde y descubrirle cuáles son los interrogantes que constituyen el fondo de las palabras. Ejemplos de clichés sobran, pero hoy me quiero detener en la afirmación sorda de que el Icc es atemporal. Tal reproche deberá ser dirigido a Freud, en parte, y en otra a sus repetidores hipoacúsicos.

Y a la cita me remito:

“Los procesos Icc son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el transcurso de éste ni, en general, tienen relación alguna con él.” (S. Freud, 2010, p.183) del artículo “Lo Inconciente”

Párrafo prácticamente copiado y pegado por el mismo Freud en el inicio del artículo “Más allá del Principio del Placer”. Plantea entonces la negación de la dimensión temporal en el modo de trabajo del Icc, al menos es la lectura más a la letra que puede hacerse. ¿Podríamos pensar que Freud se refería pura y exclusivamente al tiempo que tiene fecha de nacimiento? Me refiero a ese tiempo que da lugar a todas las unidades de medida y que marca, con su surgimiento, un hito en la historia moderna. El primer péndulo Isocrónico inició el tiempo en el tiempo. ¿Podemos ser tan arrogantes de creer que el tiempo no existía?

Claro está, ese primer elemento simbólico anotado con una formulita matemática que da cuenta de la perfección isocrónica del Tic Tac dio lugar al tiempo moderno, cambió la vida en la ciudad, alteró el comercio y revolucionó el transporte. Sí, la maloliente realidad a la que el Pcc-Cc está orientado, la realidad que observa, palpa y asume. Ahí está el tiempo según los modos de trabajo secundario en la vigilia. Ciertamente eso falta en el Icc, no obstante, el prefijo negador que sitúa esa “a” –que hoy es uno de nuestros objetos- no hace mas que revelar su clara oposición a un tiempo, lo que no quiere decir en absoluto que la dimensión temporal esté ausente.

Pensemos en nuestra práctica, en las palabras que circulan por las paredes del consultorio de cualquier analista. “Estoy preocupado por…”, “Me está pasando esto y no sé que hacer…” y el sin fin de inicios que puede abrir una sesión. Esa actualidad, que otros nos imputan proscribir del diván, da inicio al discurso que comienza a desplegarse, justamente, en una dimensión temporal. Hablar lleva tiempo, y nadie puede negar que en la cháchara tiene lugar eso que caracterizamos de atemporal. Primera paradoja, lo atemporal aparece en la dimensión temporal de la palabra.

Continuemos. A medida que la cháchara avanza y el tiempo transcurre, aunque nadie perciba el Tic tac, somos testigos de un movimiento excepcional que solo el analista y su dispositivo pancrónico pueden provocar y leer. La cháchara empieza a tomar una curva, dobla en la esquina y la figura de la elipsis comienza a dibujarse a pincelada gruesa. He ahí que escuchamos cómo el discurso a partir de la elipsis achata la bipartición entre pasado y presente, elimina la dimensión dual del tiempo situando a analista y analizante en un vórtice donde el tiempo es un destiempo que se niega a sí mismo. Y como toda negación solo es posible por una afirmación inicial, la paradoja succiona a los participantes en un tiempo pasente. La destrucción de lo actual y de lo histórico, de lo pasado y lo presente en el pasente del análisis.

Que la transferencia actualice la tragedia es mucho más que hacer actual lo pasado: se trata del borramiento de la bi-dimensión, de lo pasente del tiempo analítico, que por cierto, es muy paciente.

El corte de la sesión produce, en la figurita de la elipsis, la continuación del trazado, el corte del continuo temporal y deja un nudito, pequeño seguramente, pero un nudito al fin en esa línea que, posterior al corte, adquirió nuevamente sus dos dimensiones.

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